jueves, 17 de mayo de 2018

MARCO TEORICO

La alimentación es, en gran medida, resultado del medio ambiente y de un entorno social específico. Si bien la alimentación tiene una raíz biológica, representa una «interacción de influencias ambientales, cognitivas, fisiológicas y socioculturales. En un individuo, la conducta alimentaria es un conjunto de acciones que establecen su relación con los alimentos. Los comportamientos frente a la alimentación se adquieren a través de la experiencia directa con la comida, por imitación, disponibilidad de alimentos, ingreso económico, simbolismos afectivos y tradiciones culturales7. Por otra parte, la comercialización de productos de riesgo para la obesidad, a partir de una publicidad que tiene como principal objetivo influir en las preferencias por ciertos alimentos, provoca la ingesta de alimentos con alta densidad energética, principalmente por parte de los niños. A este respecto, se ha documentado que la edad pediátrica es de fundamental importancia en el desarrollo de los hábitos de alimentación que potencialmente establecen sus comportamientos durante toda la vida. Varios autores han reportado que durante la niñez se incorporan la mayoría de los hábitos y prácticas alimentarias, las preferencias y las aversiones, las cuales están fuertemente condicionadas por el contexto familiar.
Toda esta gama compleja de factores de gran relevancia para el estado nutricional, y que son particulares de cada contexto poblacional, implica la necesidad profundizar en el análisis sobre las preferencias alimentarias en los niños de edad escolar, con el propósito de acercarse a la comprensión del problema de obesidad y establecer las bases para el diseño de estrategias para reducirlo

BASES TEORICAS

Se estudió a un total de 9 259 niños, los cuales representan a 15.6 millones de niños mexicanos de 5 a 11 años de edad. El 49.7% eran de sexo femenino y la media de edad fue de 7.9 años (DE=1.97 años). Un 19% de los niños presentó sobrepeso u obesidad. En 39% de sus madres se encontró sobrepeso y en 26.4%, obesidad.
Se observó una correlación positiva (r=0.272, p<0.01) entre el IMC de la madre y el IMC del niño. La prevalencia de sobrepeso u obesidad en los niños, según el IMC de la madre, se muestra en la figura 1. Estas prevalencias están ajustadas por edad del niño, sexo, escolaridad de la madre, talla de la madre, nivel socioeconómico, área urbana o rural, región e indigenismo. La prueba de tendencia es estadísticamente significativa (p<0.001), lo cual confirma que cuanto mayor es el IMC de la madre, tanto mayor resulta el riesgo de sobrepeso u obesidad en el niño.




El cuadro I muestra los resultados del análisis de regresión logística. El modelo explica 71% del riesgo de sobrepeso u obesidad en los niños estudiados. Los niños de madres con sobrepeso tuvieron 1.9 veces más riesgo (IC95% 1.62-2.18) y los niños de madres con obesidad presentaron 3.4 veces más riesgo de sobrepeso u obesidad (IC95% 2.96-4.00), comparados con los niños cuyas madres tenían un IMC normal, ajustando por edad, sexo, residencia urbana o rural, escolaridad de la madre, talla de la madre, región, condiciones socioeconómicas e indigenismo. Los hijos de madres con bajo peso tuvieron un riesgo menor (RM = 0.33; IC95% 0.13-0.81) de sobrepeso u obesidad.


El riesgo de obesidad fue 24% mayor para las niñas que para los niños. También fue mayor para los niños de madres con mejor nivel de escolaridad, en las áreas urbanas y aumentaba conforme al nivel socioeconómico. El riesgo de obesidad resultó más alto en la Ciudad de México que en la región sur del país.

REFERENCIAS.

1.    Martorell R, Kettel Khan L, Hughes ML, Grummer-Strawn LM. Overweight and obesity in preschool children from developing countries. Int J Obes Relat Metab Disord 2000;24:959-967.
2.     Hernández B, Cuevas-Nasu L, Shamah-Levy T, Monterrubio EA, Ramírez-Silva CI, García-Feregrino R et al. Factores asociados con sobrepeso y obesidad en niños mexicanos de edad escolar: resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición 1999. Salud Publica Mex 2003;45 Supl 4:S551- S557.  



T. Shamah-Levy, S. Villalpando-Hernández, J. Rivera-DommarcoManual de procedimientos para proyectos de nutrición.
Instituto Nacional de Salud Pública, Cuernavaca (2006)
[acceso 19 Dic 2014]. Disponible en: http://www.salud.gob.mx/unidades/cdi/documentos/proy_nutricion.pd

Volume 71, Issue 6, November–December 2014, Pages 358-366
Mario Flores, MC, M en C, Citlalli Carrión, Lic en Nutr, M en C, Simón Barquera, MC, M en C, PhD

ACT. 1 SESIÓN 5 - SELECCIÓN Y RECOPILACIÓN DE INFORMACIÓN


La nutrición y desnutrición en México
La evolución de los programas y políticas alimentarias y de nutrición que en México se han implementado, con ciertas excepciones, siguen un patrón similar al que se ha experimentado en el resto del mundo, iniciando con programas asistenciales, hasta llegar a programas integrales de coordinación intersectoria.
México tiene una historia importante de crisis (ambientales, sociales, económicas y políticas) con efectos en la seguridad alimentaria y la nutrición. A principios del siglo XX se produjeron epidemias, sequías y hambrunas recurrentes debido a condiciones ambientales adversas y a una pobre infraestructura para hacerles frente, lo que ocasionó muertes y emigración masiva de mexicanos a los Estados Unidos de América (EUA).1 Estas crisis también han estimulado el desarrollo de programas y políticas para preservar la seguridad alimentaria, y han servido como instrumento alterno a la reforma agraria para contener la movilización de grupos organizados que ejercen presión para la obtención de mejoras en sus condiciones de vida.
El Estado creó en 1980 el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), un programa que tuvo por objeto estimular la producción de alimentos básicos (facilitando el acceso a créditos y mejorando los precios de garantía, entre otras estrategias) para alcanzar la autosuficiencia y mejorar la distribución de alimentos, sobre todo para los sectores marginales. Este programa se caracterizó por la coexistencia de diversas agencias, sectores y secretarías, y su planeación y coordinación quedó a cargo del Sistema Nacional de Evaluación, presidido por un grupo de asesores del Presidente de la República, mientras que en su desarrollo participaron tanto organizaciones gubernamentales (la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos SARH, la Secretaría de la Reforma Agraria SRA y la Secretaría de Programación y Presupuesto SPP), como organizaciones no gubernamentales (Asociación de Banqueros Mexicanos ABM, Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio Concanaco, etc.); cada una participó en diferentes áreas y con diferentes actividades para el desarrollo de este programa.

Barquera S, Rivera-Dommarco J, Gasca-García A. 
Políticas y programas de alimentación y nutrición en México. 
Salud Publica Mex 2001;43:464-477







Obesidad en Mexico.

La obesidad es una enfermedad de etiología multifactorial de curso crónico en la cual se involucran aspectos genéticos, ambientales y de estilo de vida. Se caracteriza por un balance positivo de energía, que ocurre cuando la ingestión de calorías excede al gasto energético, ocasionando un aumento en los depósitos de grasa corporal y, por ende, ganancia de peso1-5. La obesidad es el principal factor de riesgo para el desarrollo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares (especialmente las cardiopatías y los accidentes vasculares cerebrales), hipertensión arterial, dislipidemias, enfermedades osteoarticulares y ciertos tipos de cáncer, como el de mama y próstata6,7. En los niños, la obesidad infantil se asocia a una mayor probabilidad de muerte prematura, así como de obesidad y discapacidad en la edad adulta8. La clasificación de la obesidad en un individuo permite identificar a aquellos con mayor riesgo de morbimortalidad. Así mismo, sirve para identificar a sujetos en quienes una intervención oportuna podría prevenir la aparición de obesidad, comorbilidades o complicaciones, para evaluar el tratamiento y mejorar el pronóstico de los pacientes.
Las clasificaciones más utilizadas para definir obesidad en adultos se describen en la tabla 1. A continuación, se describen algunas consideraciones 14 de cada clasificación:
 – Índice de masa corporal. Es el indicador más útil para evaluar la composición corporal a nivel poblacional, porque es de bajo costo, fácil aplicación y la forma de calcularlo no varía en función del sexo ni la edad en la población adulta. Si bien no es infalible, es una herramienta de tamizaje con un valor predictivo positivo sumamente alto.
 – Circunferencia de cintura (CC). Es un indicador de adiposidad central muy útil para evaluar riesgo cardiovascular. Al igual que el IMC, es de fácil aplicación, bajo costo y no invasivo. Aunque no ajusta para la estatura, debido a la poca variabilidad en gran parte de la población, esto no afecta de forma importante su valor predictivo. Entre sus desventajas está que es una medición que depende mucho del evaluador, a diferencia del IMC.
 – Por fenotipo. Aunque es poco frecuente que se utilicen otros métodos para la evaluación y pronóstico de la obesidad, desde la perspectiva anatómica es posible reconocer cuatro tipos de exceso de peso de acuerdo con su fenotipo: exceso de masa corporal o porcentaje de grasa independientemente del sitio de acumulación (periférica), exceso de grasa subcutánea en el tronco y el abdomen (androide), exceso de grasa abdominal visceral (central) y exceso de grasa en la región glútea y femoral (ginecoide).

Simón Barquera Cervera, Ismael Campos-Nonato, Rosalba Rojas y Juan Rivera Instituto Nacional de Salud Pública, Secretaría de Salud (SSA), México



La obesidad y el síndrome metabólico como problema de salud publica.
La obesidad y el síndrome metabólico son entidades clínicas complejas y heterogéneas con un fuerte componente genético, cuya expresión está influida por factores ambientales, sociales, culturales y económicos, entre otros.
El incremento paralelo de la frecuencia de la obesidad y del síndrome metabólico es un fenómeno mundial y México no es la excepción. Aunado a esto, estas patologías son factores de riesgo importantes para el desarrollo de diabetes tipo 2, la enfermedad arterial coronaria y cerebrovascular por arteriosclerosis, que son las principales causas de muerte en nuestro país. El control de estas alteraciones metabólicas incide directamente en la morbi-mortalidad de muchos padecimientos; sin embargo, en la actualidad no existen estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento eficaces para la mayoría de los casos. Por estas razones, la obesidad y el síndrome metabólico se han convertido en un serio problema de salud pública en los países occidentalizados.
En los últimos años ha crecido el interés de investigadores y clínicos de distintas disciplinas en el estudio de la obesidad y del síndrome metabólico. Como es frecuente en las enfermedades complejas, la visión de los expertos tiene una perspectiva limitada y en el peor de los casos, excluyente de otras que son complementarias. Si no se trata de un problema de salud pública, esta situación podría resultar deseable en aras de la pureza de los procesos de generación de conocimiento. Sin embargo, dada la relevancia de estos padecimientos en la salud de la comunidad se requiere encontrar estrategias científicas que acorten los tiempos en la generación de conocimientos y que permitan diseñar modelos de prevención y tratamiento. La meta se alcanzará cuando estos modelos sean operables a través de programas asistenciales y se logre disminuir la frecuencia de estas entidades.
Director                                                                        

·         Mauricio Hernández
Secretaría de Salud


Editor ejecutivo

·         Carlos Oropeza Abúndez
Instituto Nacional de Salud Pública


Editor asociados

·         Eduardo Lazcano
Epidemiología y métodos cuantitativos
Instituto Nacional de Salud Pública
·         Enrique Ruelas
Sistemas de salud
Secretaría de Salud
·         Mario Henry Rodríguez
Biomedicina
Instituto Nacional de Salud Pública
·         Lizbeth López
Salud ambiental
Instituto Nacional de Salud Pública
·         Juan Rivera Dommarco
Nutrición
Instituto Nacional de Salud Pública
·         Sergio López
Sociomedicina
Universidad Autónoma Metropolitana -Xochimilco





Dieta y patrones de alimentación - niños de 6 meses a 2 años
Una dieta apropiada para la edad:
·         Le brinda a su hijo una nutrición adecuada
·         Es adecuada para el estado de desarrollo de su hijo
·         Puede ayudar a prevenir la obesidad infantil



Recomendaciones:

6 a 8 MESES DE EDAD

A esta edad, su bebé probablemente comerá alrededor de 4 a 6 veces por día, pero comerá más en cada alimentación que en los primeros 6 meses.
·         Si le da leche de fórmula, el bebé comerá alrededor de 6 a 8 onzas (180 a 240 mililitros) por cada alimentación, pero no debe comer más de 32 onzas (unos 950 mililitros) en 24 horas.
·         Usted puede empezar a introducir alimentos sólidos a los 6 meses de edad. La mayoría de las calorías del bebé aún deben provenir de la leche materna o de la leche de fórmula.
·         La leche materna no es una buena fuente de hierro. Así que después de 6 meses, su bebé comenzará a necesitar más hierro. Inicie la alimentación sólida con cereal fortificado con hierro para bebés mezclado con leche materna o leche de fórmula. Mézclelo con suficiente leche para que la textura sea muy liviana. Comience ofreciendo el cereal 2 veces al día, con solo algunas cucharadas.
·         Usted puede espesar el cereal a medida que su bebé aprende a controlarlo en su boca.
·         Usted también puede introducir frutas, verduras y carnes en puré ricas en hierro. Pruebe con guisantes verdes, zanahorias, batatas, calabaza, puré de manzanas, peras, bananos (plátanos) y duraznos.
·         Algunos nutricionistas recomiendan introducir unas pocas verduras antes de las frutas. La dulzura de la fruta puede hacer que algunas verduras sean menos atractivas.
·         La cantidad que el niño coma variará entre 2 cucharadas (30 gramos) y 2 tazas (480 gramos) de frutas y verduras por día. La cantidad que su hijo coma dependerá de su talla y lo bien que coma frutas y verduras.

American Academy of Pediatrics, Section on Breastfeeding; Johnston M, Landers S, Noble L, Szucs K, Viehmann L. Breastfeeding and the use of human milk. Pediatrics.

 2012;129(3):e827-e841. PMID: 22371471 www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22371471.
Parks EP, Shaikhkhalil A, Groleau V, Wendel D, Stallings VA. Feeding healthy infants, children, and adolescents. In: Kliegman RM, Stanton BF, St. Geme JW, Schor NF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 20th ed. Philadelphia, PA: Elsevier; 2016:chap 45.